A los 12 años sólo se sabía el movimiento de algunas piezas, de las que papá José les había enseñado a él y a Walter, su hermano. No era común que los chicos saquen el tablero de ajedrez en casa, hasta que un día el “bro” mayor fue a jugar un intercolegial al Complejo Gustavo López y volvió con un trofeo en la mano. “Y yo decía que también quería uno”, recuerda Jorge Zamorano. Esa anécdota fue solo el principio y hoy con 24 años, y el premio LA GACETA al mejor ajedrecista tucumano de 2013 bajo el brazo, Jorge aprovecha para contar toda su historia.
“Había una escuelita de ajedrez en el complejo y me enganché. Encontré un buen grupo de chicos y un buen profesor. Al primer torneo que fui a jugar fue al Evita, y clasifiqué para ir a La Pampa”, cuenta el jugador aquellos primeros movimientos en un deporte que no es el más popular de todos (justamente porque no implica el esfuerzo físico de los otros).
Igual, no fue el ajedrez lo único que lo enamoró desde chico. “Antes de entrar a la facultad de abogacía entrenaba en UTA. Jugaba de 10”, cuenta Zamorano. Así como cuando juega ajedrez, el hombre se considera tranquilo también dentro de la cancha. “Soy zurdo y me gusta el buen fútbol, no me gusta pegarle de punta sino acariciarla. Me va más la técnica que lo bruto, y mucho amague”. ¿Un estilo? “El de Juan Román Riquelme. Veo mucho fútbol, soy hincha de Boca y de Atlético. Y con la Selección bueno... Después de haber perder 4 a 0 con Alemania en el último Mundial me desilusioné mucho. Tenía grandes esperanzas”, se sincera dejando de lado el tablero que tanto reconocimientos le dio y siendo puramente futbolero.
Lo que pasa es que no todo en la vida de Jorge es el alfil, un caballo o el rey. “Hoy mi prioridad es la familia, mis amigos. A eso lo tengo bien clarito. También tengo en cuenta la facultad, el ajedrez (a pesar de todo) es algo secundario”, dice. Sus otras actividades siguen incluyendo al fútbol (ya no juega en UTA pero cada domingo va al parque 9 de julio a jugar picados con los amigos), al paddle y, como no, a su novia. “Soy un tipo sencillo, que se considera afortunado por todo lo que Dios le dio en la vida”, reconoce. Al toque vienen a la memoria José, su mamá Graciela, el hermano Walter, José Pablo y María Belén. Toda su familia, y sus ¡ocho! gatos. “Los alzo en la calle, me dan pena así que los dejo en mi casa, ja ja”.
Es al final de la temporada que el ajedrez le demuestra lo importante que fue todo el año. “Ser distinguido de nuevo por LA GACETA es un orgullo para mi, y también una alegría. El reconocimiento del diario de mayor difusión me hace sentir así”, reconoce, y como todos los ganadores, asegura que le da mucha pila para 2014. “Espero lo mejor. Seis meses y o tal vez un año a full con el ajedrez”, dice aunque recibirse de abogado en abril no estaría nada mal. “Voy a tratar y veré hasta donde puedo llegar”, promete.